Practicar el desapego para vivir más feliz.

En este espacio quisiera hablar de la importancia que el desapego toma en nuestras vidas. Me enfada la connotación tan negativa que ha adquirido en la sociedad de nuestros días, y que se confunda con ser alguien que no quiere saber nada de nada ni nadie. Precisamente, una persona que vive en desapego, sabe lo que es vivir con un pie anclado y arrastras…. Irremediablemente ha tenido que pasar por ahí para luego encontrar la llave, abrir la cerradura y tirarla por el precipicio.
Antes de nada, desapegarse no es huir de una situación emocional, ni despreocuparse del mundo y de todos, ni acampar a tus anchas con nula responsabilidad afectiva por los actos (conscientes) cometidos a lo largo del camino. El desapego sería un valor añadidísimo de una persona que lo practica.
Para mi el desapego es, ni más ni menos, que una forma de vivir en relación con el mundo, siendo libre de juicios, lastres mentales y resquicios emocionales que perduran, dañan a la persona y no la dejan seguir creciendo, tampoco aprendiendo, ni al fin y al cabo seguir evolucionando como ser humano. Es de suma importancia entender el desapego como un río fluido que navega hacia la independencia de pensamiento programado y de deseo humano, no como una forma de desamor. El amor es otra cosa. Y no, tampoco es el amor que nos dicen que es. El amor no es un te quiero ni regalar flores (por decir un detalle de estos típicos). Ni muchísimo menos acordarte de un aniversario. Es algo mucho más grande y que nos uniría a todos en lo mismo. Es algo tan universal y espiritual que no sé si alguna vez llegaré a entenderlo. El amor estaría en ti mismo primero, y después reflejado en el mundo. Sin el primer requisito, difícilmente podremos ver el segundo. En el mundo falta tantísimo amor… Quizás los que sí lo tienen y lo han visto, también lo observen a su alrededor. Supongo que es cuestión de perspectiva o de experiencia de vida conociendo algo que esté más allá de ti.

El desapego es una manera de observar las cosas con respecto a la persona (mi Ser) y a la relación que adquiero con ellas y de ellas, a través de la cual una persona se relaciona con su entorno, e incluso con ella misma, sintiéndose más libre, serena y feliz.
Es una de esas cosas que creo que se aprende con el tiempo, con la experiencia. Se necesita de tiempo, paciencia y quizás algo de sufrimiento para observar y comprender lo que verdaderamente es el desapego. Y sentirlo. Sentir que estás desapegado cuando aprendes a valorar más las “cosas” del presente y a vivirlas con intensidad, porque sabes que todo termina. Incluso tú mismo un día no estarás.
Sentir que estás desapegado cuando ya sólo utilizas el pasado para sonreír y observarte con ternura y amor (ese amor) y ver lo has cambiado. Y cuánto te ha cambiado. Y cuántas cosas han hecho que llegues hasta dónde estás. Cuando no piensas en el futuro más que para organizar tus planes del presente.
El apego es sufrir, y vivir atado a los vicios mentales, a tus pensamientos, dejarlos que ellos decidan y vivan por ti. A tus recuerdos, juicios y valoraciones externas, a los criterios y modos de los demás, porque “así ha de ser”, vivir acorde a la estructura de aquellos que han decidido cómo será todo y por dónde has de caminar.
Vivir apegado es vivir en el miedo. Los que construyeron el mundo lo hicieron basándose en el miedo. El miedo a morir, el miedo a no ser querido, el miedo a ser condenado a la soledad, el miedo al fracaso, cualquiera que sea, el miedo a descubrir quién realmente eres y a qué has venido aquí. Y cometieron el error de pensar que el apego es la salvación de todo hombre. Nos apegamos a las “cosas” por miedo a conocer nuestra propia luz. Nos apegamos a las “cosas” por miedo a conocer nuestra propia luz. Era necesario leerlo dos veces. Quizás el desapego es vivir una vida libre de todo miedo, pero habiendo conocido el sufrimiento.
Conocerse a uno mismo es un camino sinfín. No tiene fecha de caducidad. El día que te reconoces en el mundo aprendes de verdad a vivir más desapegado y emprendes el viaje de oro, el del autoconocimiento. El viaje del héroe para algunos. Un camino obligadamente solitario que no te venden en las agencias de viaje ni te lo nombran en la carrera de turismo, pero que es el viaje más importante que toda persona debe realizar en su vida.

El día que entiendes lo que significa vivir en desapego, FLUYES con la vida. Entendemos que hay razones y lógicas de la naturaleza y del universo que no están a nuestro alcance, y que así debe ser. La vida me enseña constantemente a practicar, aunque no lo quiera, el desapego. Ser capaz de sostener para luego soltar. Ser capaz de alumbrar para dejar que otro alumbre después. Ser capaz de vivir y estar bien, sin depender de que algo o alguien lo haga por mi. Aprender a convivir con el sufrimiento, como algo parte de la vida, al igual que la muerte y el dolor. No quedarse atado a esa emoción, a esa situación, a ese lugar, ese rincón, olor, persona, palabra. Soltar y conocer el duelo. A dejar marchar lo que ya marchita, lo que ya no es. Fue para lo que fue. Hay que sentir el vacío, la inexistencia, la incomodidad, el rechazo absoluto y obtener, aún en el más oscuro lugar, una lección. Un aprendizaje. Algo con lo que continuar.
Si bajo estas circunstancias somos capaces de aprender por nosotros la enseñanza detrás de la corriente que impulsa la experiencia vital, lo demás es pan comido.

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