La liberación final en el budismo.

  El objetivo principal de la filosofía o de las escuelas del budismo es la liberación del hombre, lidiar con el deseo hasta alcanzar el nirvana. Detrás de la figura histórica de Buda, cuyo significado es “despierto”, se esconde un príncipe llamado Siddhartha Gautama, “el que se realiza a la verdad” (siglo VI a.C.). Siddhartha sufría de los males del mundo, y de la gente, y quiso experimentar por sí mismo la futilidad de la existencia y la inutilidad del sufrimiento para luego poder explicárselo a los demás. Así pues, abandona el palacio y marcha en busca de una respuesta al sufrimiento de la humanidad. En su camino, rechazo cualquier tipo de violencia y sacrificio hacia los seres vivos, así como el sistema de castas para salvaguardarse de la vida religiosa de los brahmanes. Siddhartha inició un proceso de transformación, con ayunos muy fuertes y largos periodos de meditación, y a los 35 años alcanzó el nirvana (la iluminación, el des-deseo, = tener el conocimiento). Descubrió que no tener miedo es la base de la verdadera felicidad, que es la verdad en el fondo, la cual se impone por sí misma. Tras esto, Buda quiso compartir su iluminación con sus cinco discípulos (que en su búsqueda le habían abandonado), y llega a Benarés (India), donde comparte los cuatro principios fundamentales del budismo:
  1. Aceptar el sufrimiento.
  2. Preguntarse de dónde viene el sufrimiento.
  3. Conocer que el dolor puede transformarse.
  4. Reconocer la causa del dolor para salir del sufrimiento.
Buda transmite el siguiente mensaje: la causa del dolor es la “sed” (trasna), es decir, el deseo humano de vivir, gozar y obtener resultados. Para evitar este sufrimiento, hay que paliar el dolor a través del óctuple sendero, cuya primera toma de contacto sería tomar conciencia del problema y comprenderlo. A través de una serie de medios tomados de la tradición ascética de la India, se consigue la renuncia a todo deseo, incluyendo el de hacer méritos propios para la propia liberación. Para Buda, la impermanencia de todas las cosas del universo hace insensato todo deseo o apego hacia ellas. Lo que permanece aquí no es el yo, sino el acto en sí. Permanecen también las consecuencias del acto, es decir, la impronta de lo que se ha hecho en las vidas anteriores. Entonces, el budismo mantiene la doctrina del karma, del samsara (la rueda de las reencarnaciones), pero impone una doctrina de liberación (moksa). Para Buda, la esencia del acto humano sería el deseo, la volición; esta es responsable de las consecuencias de las acciones, y por ello, de las reencarnaciones. Así pues, la esencia del karma se encuentra en el deseo humano que las mueve. La única vía posible de solución para liberar al ser humano es romper con ese deseo, el principio retributivo (toda la lógica que hay detrás del karma y del samsara), que es precisamente lo que pretende el nirvana. Aparece la vida monacal como lugar de encuentro humano, en donde se aprende a suprimir todo tipo de deseos y de diferencias sociales. La vida monacal se distingue en cuatro niveles de santidad hasta alanzar el nirvana en el último.  En esta vida comunitaria se persigue el desarrollo espiritual del monje y la simplicidad. Aunque el budismo rompe con los elementos de la religión védica, fundados en el esquema retributivo, en la vida de monasterio sí habría cabida para algunas ceremonias, como la práctica del ayuno o la ceremonia de la fase lunar. También se formaron diversas escuelas budistas, con distintas acepciones de la filosofía principal: la therevada, la sammitiya, sarvastivada, etc. A medida que se fue exaltando la figura de Buda, aumentó también el poder en los monasterios, que se convirtieron en grandes centros de cultura, y los monjes se convirtieron en algo superior socialmente aceptado. Una consideración importante merece el budismo mahayana, que surge como vehículo importante par los laicos. Los bodhisatvas, como personajes que representan esta filosofía, conciben la compasión humana como algo superior al nirvana, suponiendo que la liberación de uno mismo parte ayudando a liberar al otro primero. De esta devoción hacia los boddisahtvas aparece la idea de que la liberación se puede conseguir sin necesidad de una vida monacal, por lo que puede aparecer de manera súbita. En la última fase del budismo, se desarrolla el tantra, que llega a influir notoriamente en los monasterios. El tantra muestra el poder de la imaginación como algo ilusorio que puede llegar a transgredir las leyes morales, con la idea de que se puede canalizar las energías de universo (incluida la sexual) hacia los fines deseados, en definitiva, hacia la meta de la vacuidad. En el budismo tibetano se considera la posibilidad de un camino súbito hacia la liberación mediante la experiencia mística, como una asociación entre el principio masculino y el femenino. Se divide en multitud de escuelas, siendo la del Dalai Lama la más externamente aceptada. Este budismo se debe a la aceptación o rechazo de algunas ceremonias, y a una especie de decapitación simbólica a modo de obtener la liberación. Otra vía es el budismo zen, que nace en China hacia el año 530 d.C. Aquí, el camino principal es perseguir la liberación mediante la meditación de todo aquello que llena o ensucia usualmente a nuestro espíritu. Un énfasis de esta disciplina consiste en subrayar sólo se comprende mediante la contemplación no discursiva, que nos hace captar (el insigth) la identidad entre el sujeto que medita y la naturaleza del Buda, que sería la verdadera realidad. Se requiere prescindir de toda preocupación para llegar al nirvana. Algunos elementos imprescindibles del budismo zen son el koan, un paso necesario para la iluminación, a través de la contemplación de todos los elementos de la consciencia, y la Soto, que es sugerir al discípulo que priorice la meditación, pero sentado, en una posición cómoda. Llega un momento en el que la mente se detiene por no poder entender más; surge el despertar. Como conclusión, se observa que el budismo rechaza la fundamentación de la praxis humana en una correspondencia entre las acciones y sus resultados. Se rechaza el culto brahmánico y de los dioses, y se presupone el problema humano de las Upanisad. Habría que darse cuenta de que la psique humana es inseparable del cuerpo, poniendo atención al deseo, lo cual es la clave del problema que permite al budismo apuntar a la acción humana misma como centro del problema del sufrimiento. Para superar la lógica retributiva, se renuncia a la evaluación de los demás por sus obras, uno se concentra en la superación de los propios deseos.  

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