Hostel de Chauen, Marruecos.

Primera semana en Chaouen, también conocido como Chefchaouen, o la Ciudad Azul o La Perla Azul de Marruecos.

…Y la chica se dedicó a romper en pedazos la moto; la hizo añicos y cuando paró se quedó muda. Estaba enloquecida, fuera de sí. Pero no era la primera vez que nos mostraba su ira interna destruyendo objetos a su alrededor. La primera vez que la conocía, cogió un hacha  y empezó a agujerear una pared de dentro del hostel. A hachazo limpio, como si le fuera la vida en ello. Estaba furiosa, enrabiada y no lograba entender nada de lo que decía, para mi , ingenua de mí, estaba tirando la pared abajo porque necesitaban hacer obras en la casa. Pero no, no mi amor. Resulta que su novio la había dejado en la calle, sin habitación, sin dinero.»

La motocicleta anterior era del propietario del hostel donde me hospedo, Walter, su novio alemán. Tiene alrededor de 40 años o más,  y es un poco hippie. Bueno, bastante. Son pareja, pero Nisrine tiene 21 años, es marroquí y está en plena juventud de la vida. Es una chica simpática, enseguida entabla conversación, aunque está un poco perdida, o al menos eso noto yo. Una relación de favores, dinero, sexo. No le veo más sentido, de momento. A ambos les encanta beber, y subir cada dos días a la montaña, no por ser especialmente aventureros y fervientes de adrenalina natural, sino por una simple necesidad de adicción. Y es que, unos seis o siete cigarrillos diarios de maría y hachís caen al día. Creo que llegué a contar la cantidad que fumó una noche en la que hicimos una sesión de cine entre todos los que estábamos en el hostel. Ella ahí sentada, to’ chula, y  plagada de palomitas con falsa mantequilla tulipán y cacahuetes tostados sin pelar, fueron unos 12 cigarrillos. Uno, y otro, se movía. No paraba. Bastaba con observarla 5 minutos, para enamorarte de ella o  para colocarte también.

Aquí es cuando me entero que me vengo a uno los lugares  donde más se trafica con droga entre locales-turistas. Te lo venden como un lugar turísticamente idílico y relajante, dado como visten sus preciosas calles (algo completamente cierto), cuando evidentemente también tiene su otra cara. Y, la verdad, ambas me gustaron.

                                                   Chauen desde la colina

Vistas desde mi ventana en el hostel

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.